Oaxaca vivió una jornada intensa el 30 de junio de 2019, cuando un grupo de profesores de la Sección 22 de la CNTE interrumpió con fuerza un acto político encabezado por el exgobernador Ulises Ruiz Ortiz. El encuentro, que pretendía marcar el arranque de su campaña por la dirigencia nacional del PRI, terminó en caos: el salón de usos múltiples donde se realizaría fue vandalizado y los asistentes tuvieron que huir entre disturbios.

Desde temprano, más de 3 mil docentes marcharon por las calles de la capital oaxaqueña con consignas en contra de Ruiz Ortiz. Al llegar al lugar del evento, lanzaron huevos podridos, piedras y pancartas de repudio. Hubo empujones y momentos de tensión con simpatizantes priistas. La protesta escaló cuando se prendieron fuego a llantas y se registraron daños materiales en la zona, obligando a suspender por completo la reunión.

El enojo de los maestros tiene raíces profundas. Recuerdan los hechos de 2006, durante el gobierno de Ulises Ruiz, cuando Oaxaca vivió una de sus crisis sociales más graves. En aquel entonces, el magisterio y organizaciones sociales denunciaron represión, detenciones arbitrarias y violaciones a derechos humanos. A casi dos décadas de distancia, el gremio insiste en que el exmandatario debe rendir cuentas y han solicitado que el caso sea revisado por la Corte Internacional de La Haya por posibles delitos de lesa humanidad.

Genaro Martínez, secretario de organización de la Sección 22, aseguró que el movimiento magisterial “no olvida” y que seguirán exigiendo justicia por los asesinatos, encarcelamientos y desapariciones ocurridas durante ese periodo. “Hemos resistido gobiernos, exgobernadores y presidentes. Derribamos la reforma educativa y ahora vamos por lo que nos arrebataron”, declaró ante la multitud.

Ulises Ruiz, por su parte, responsabilizó a las autoridades locales por no garantizar seguridad en sus actividades políticas. Pese a las críticas, ha intentado mantenerse vigente en el panorama político nacional, aunque su figura continúa generando rechazo en amplios sectores sociales, especialmente en Oaxaca, donde su nombre aún evoca uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente del estado.